Tangram XII.6: ¿A dónde va el sol?/El ocaso del sol

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Cristina Eiroá, ¿A dónde va el sol?

El ocaso del sol

En el ocaso del Sol, los mundos paralelos de la energía eléctrica siguen ahí, estorbando. Las artificiales autopistas cargadas de kilovoltios se exhiben impúdicas obstaculizando el disfrute de vistas deliciosas, reclamando una atención de la que no son en absoluto merecedoras, normalizando una situación que, por supuesto, queda fuera del contexto natural.

Si fuese un buitre leonado con cerebro, evitaría posarme en ellos para secar mis alas, para devorar a mis presas o para disfrutar del espectáculo de la puesta de sol, pero no razono y lo hago, y me electrocuto y muero, y en el mejor de los casos no veo los cables, me estrello y continuo viviendo, al menos un par de días más, agónico.

Alguien debería imponer un impuesto a los cables y, ya que estamos, a la energía eléctrica, por el riesgo medioambiental que suponen, por impedirnos disfrutar del Sol, de su calor y su fuerza, de su visión y su energía; no fuera a ser que acabásemos cogiendo el camino de Soria y las cosas se volviesen del revés y fuese el uso del Sol lo que acabase gravado.

Con lo bien que sienta ver la vida sin Photoshop, ver el mundo al natural, el ocaso tal como es o el rosicler de la aurora sin nada que lo entorpezca. Con lo bueno que es vivir del Sol y con el Sol, incluso como fuente de energía.

Si fuese un buitre leonado con cerebro, votaría por aquel que intentase restaurar la naturaleza y permitirnos vivir.

Juan Reyes

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Tangram XII.5:Algunas cosas nunca cambian/Ladrón y policía

Patxi Granado, Tangram Project, Tangram Project XII

Patxi Granado, Algunas cosas nunca cambian.

Ladrón y policía

El canto de un pájaro rompió el silencio y su memoria volvió atrás en el tiempo.

El bosque. El rumor del agua. El sol que ya abrasaba mientras corrían hacia el pantano. Las risas mientras ellos se retaban para ver quién era el primero que se tiraba o quién hacía el mejor salto. Nunca quedaba claro quien lo hacía mejor al final. Eran sus ratos de disfrute cada verano cuando él volvía al pueblo. Siempre igual o mejor, desde que eran pequeños.

Hasta que dejó de ir. Nunca supo por qué. En el pueblo se rumoreaban cosas terribles a las que nunca hizo caso… Hasta que años después, supo que la identidad tras un sanguinario criminal de la ciudad donde trabajaba, era su amigo de la infancia.

Él estaba al frente del caso.

– ¿Algo que decir?

Peor que saber que iba a morir en sus manos, era que no lo había reconocido. Y no estaba seguro de que intentar refrescarle la memoria, sirviera de algo. Así que prefirió callar, sin dejar de mirarle a los ojos. Era un extraño deseo, querer que fuese él lo último que viese en la vida.

Sonó entonces su móvil y la música alteró por fin la impasibilidad de su rostro, haciéndole dudar un momento antes de disparar.

Había reconocido la melodía.

Elena Pacheco

Tangram XII.4: sin título/ Huyo

Larraitz, Tangram Project, Tangram Project XII

Larraitz, Sin título.

Huyo

Me costó meses de introspección, kilómetros a gachas por túneles de recuerdos oscuros, pero por fin estaba allí. No me sorprendió el desorden. Los escombros, la bola del mundo girando sórdida por el suelo de la clase, el eco de los chiquillos corriendo despavoridos… Mi cubrepolvo teñido de tierra sanguinolenta, las rodillas heridas, mi cuerpo tembloroso… No tenía dudas, había vuelto al centro de mi infancia, donde empezó todo. Después, solo quedó un camino, huir. Los familiares que quedamos vivos recogimos lo que no habían enterrado las bombas y atravesamos los restos de la ciudad en carne viva para cruzar el desierto hasta adivinar la costa. Cuando apenas empezaba a oler a mar, llegaron los piratas. A cambio de despojarnos nos hacinaron en un cuchitril que flotaba con dificultad. Partimos. Incómodos y hambrientos, partimos. Partimos para no llegar. Fue entonces cuando quedé atrapado en esto. Desde algún lugar donde floto a la deriva, entro en túneles de recuerdos oscuros que me devuelven cada vez al mismo centro de mi infancia, del que huyo, una y otra vez, hasta regresar a la deriva del desencuentro.+

Javier Lópex

Tangram XII.3:El viaje/Espejos

Javier Lópex, Tangram Project, Tangram Project XII

Javier Lópex, El Viaje. 2016

Espejos

Hay rincones que nunca transito,
salones vacíos y negros,
palacios brillantes con luces de vela.
Hay ocasiones que solo son útiles
como alfombras que dan la bienvenida
como los gatos entre las piernas
o el sol tras las pesadillas.

Una mesa de contornos negros
late al borde de un precipicio,
una hoja de papel blanco duerme
esperando que me acerque.

La puerta no se abre
y los ojos se cierran,
cada vez toco más fuerte
en el fin del mundo,
al otro lado de los párpados
mientras una fina lluvia
escasea a lo largo de mis grietas.

Toni G. C.

Tangram XII.2: Sin título/Ojos de gato

Francis Ortega, Tangram Project, Tangram Project XII

Fancis Ortega, Sin título.

Ojos de gato

Tarde de verano. Me acurruco en la oscuridad buscando el frescor de la penumbra y desde aquí, en silencio, miro con mis ojos de gato a la señora Petra a través de la ventana.

Petra, es piedra, dura para vivir una vida sin respiro, pero su segundo nombre podría ser “Dulce”, porque así es su corazón, que a pesar de haber sido golpeado una y otra vez como un yunque, siempre tiene espacio para acoger a alguien más.

Hoy la cuida su nieto, le veo reflejado en el cristal de la ventana, aunque realmente me pregunto ¿quién cuida a quién? ¿No está ella acaso vigilándole en ese mismo reflejo? ¿No es ella, aún, la que lleva el bastón de mando?

Los dos están relajados, disfrutando del ambiente de calma de esta tarde de verano. Él con la despreocupación de no saber, ella con la serenidad de estar de vuelta de todo.

Me hago un ovillo sobre la cama y, sintiendo el frescor de la penumbra, cierro mis ojos de gato sabiendo que mis humanos están ahí.

Cristina Santamaría

Tangram XII.1 En tanto ellas/Sueño

Isabel Gallardo, 2016, Tangram Project

Isabel Gallardo, ...en tanto ellas se enredan a lo vintage, 2016.

Sueño

Enrédame con tus besos y tus caricias

Enrédame con tus excusas y tus mentiras

Bésame con la mirada preñada de risas

Líame entre tus ropas y tus abrazos

Líame con tus palabras de sueños llenas

Duérmeme entre tus sabanas aroma a canela

Déjame soñar contigo, sentir tu piel

Déjame tocar tu pelo, jugar con él

Suéñame, pues en tu sueño te amaré

Nekabitt