Tangram I.8: La Oscuridad/Sombras…/Transformación…

Gabriela Guevara, La Oscuridad.

Gabriela Guevara, La Oscuridad.

 

Sombras de ti

Te veo en ellos y en nadie y no te veo.

Y caminan todos a mi lado como buscándote y te buscan a mi lado, pero no te encuentran…

Y huyen, y huyes y no eres nadie y eres todo. Y te haces sombra y te escabulles y apareces y eres nada. Y nada queda, sólo gente que anda y corre y no son gente, sino sombras.

Y no es su sombra, la de ellos, es la tuya que me golpea la calma y me la quita y tengo que salir a buscarte.

Ya no eres tu, son ellos. Todos ellos otra vez, en el metro, en las calles, en cualquier parte… Y eres nada…

Laura Antúnez de la Maza

 

Francis Ortega, Transformación al salir del Túnel

Francis Ortega, Transformación al salir del Túnel

 

Tangram I.7: Poliamor/sin título

Jesús Parras Chica, Poliamor.

Jesús Parras Chica, Poliamor.

 

Cada lugar es como una mina. Basta dejarse llevar, darse tiempo, detenerse en un ángulo muerto y darle vida. Aquí me hallo ante dos puertas, cada una de un color y nadie alrededor, o eso creo… Podría estar en el punto de mira de un francotirador, o captado por la cámara de un satélite. Es esa incertidumbre lo que nos hace tan insignificantemente grandes, no saber. Podría pasar de largo y seguramente hallaría más momentos a cada cual más diferente y con infinitas historias contenidas en su interior, pero algo me detiene aquí. El día ha sido hasta ahora monótono, anodino y sería injusto afirmando tal cosa para cualquiera trata de sobrevivir en esta guerra, pero es que sobrevivir es aburrido, no hay nada más que un solo objetivo: no morir. Pero he decidido plantarme aquí, delante de las dos primeras puertas de colores que veo en mucho tiempo. Todo parece una inmensa mina gris, y este lugar aparece intacto a la luz del día como en el cuento de Alicia, sí, un libro, daría lo que fuera por volver a tener uno en mis manos.

Ya no quiero seguir sobreviviendo sino vivir, y escribiendo, aquí sentado ante estas dos puertas, trato de volver a vivir, ya leer un libro sería lo más. Marcaré este sitio como lugar protegido de la humanidad.

Entonces sacó un bote de spray de su bolsillo y escribió sobre ambas puertas “proyectotangram” y siguió su camino en busca de más momentos que salvar.

Carlos Pugliese

 

Tangram I.6: Adiós/Dobles

José Rasero Balón, Adiós.

José Rasero Balón, Adiós.

 

Dobles

Gemelos, univitelinos, idénticos…Palmira se deshizo del niño, apenas dos días después de dar a luz en un solar olvidado. Palmira estaba sola, miserablemente sola. Un solo hijo de los dos que acababa de parir viviría junto a ella, al otro lo tendría que abandonar. Abandonar, terrible verbo para hablar del destino de un bebé. Pero ¿A cuál de ellos?, se preguntaba  con el corazón tan desgarrado como  su matriz.  Al primero que llorara, decidió finalmente.

Así fue como Iván transmutó su previsible destino por otro de colores más felices.

Un día, pasados los años, Juan se vio a sí mismo caminando por la acera.  No podía ser casual.

Él, que desde el banco del parque, fantaseaba con las vidas  de aquellos a los que observaba diariamente,  imaginando una suerte de destinos que jamás se materializarían, pero que bien podrían hacerlo, veía ante sí,  tan claramente como veía los cartones que lo arropaban todas las noches, su vivo retrato y con él otra vida posible. Deseó, entonces, ser él la fantasía inexistente de alguien.

Raquel García Herrera

Tangram I.5: Cuchillos/Incomunicación

Pepe López, Cuchillos. Londres, 2011.

Pepe López, Cuchillos. Londres, 2011.

 

Incomunicación

De pronto mis ojos se abrieron y una sensación extraña me asaltó. Mi cuerpo dolorido yacía sobre el frío asfalto de una calle. ¿Cómo había terminado allí? Parpadeé un par de veces tratando de ubicarme en aquel infernal silencio. Era de noche, y sin embargo la intensa luz artificial de los edificios creaba una especie de espejismo diurno. Me levanté a duras penas para quedar de pronto embelesado; ante mí, las monumentales calles de una ciudad despojada de cualquier signo de vida.

Recuerdo que anduve como un autómata durante horas; perdida ya la noción del tiempo. Hice un esfuerzo por recordar algo, pero mi memoria se había desvanecido como si llevase siglos dormido. Traté de buscar entonces algún signo de familiaridad en aquella laberíntica metrópolis. Sólo logré hallar el gélido hormigón que daba forma a ese monstruo que me había devorado.

Incapaz de descubrir salida alguna, una profunda frustración se apoderó de mí. Extenuado, caí de rodillas por lo que sólo pude abandonarme y llorar. Alcé la vista y me topé con la impasible mirada de una estatua femenina, posada firmemente entre las texturas de un edificio. En un acto de desesperación, traté de rogarle a aquella inmóvil dama; a aquel pequeño y único indicio de humanidad, que me salvara. Comprendí cuán solo estaba en el universo; que todas las personas que alguna vez pude conocer eran también prisioneras del mismo laberinto de soledad. Aquella pétrea figura que me observaba inánime y que desesperanzado convertí en deidad, tenía un nombre: incomunicación.

 

                                                                                                                              Manu LeChuck

 

Tangram I.4: Sin título/Hogar Sarín

Julián García Castillo, s/t

Julián García Castillo, s/t

Hogar Sarín

Fui morada de dioses y demonios,
de riscos áridos y rosas de primavera.
Vuestro amor fue mi narrador
y el odio mi abandono.

Hoy, cripta de sueños olvidados,
no queda abismo donde arrojarse
pues me habita en toda su extensión.
Mi calma cayó del cielo cual lluvia de fuego
y siete jinetes sembraron el horror.
No fue la piel la que dolió.
En un abrir y cerrar de ojos
quedó sin vida el Creador.

De avaros los restos en los que sigo escrita
resistiendo el envite de cada amanecer
con la esperanza puesta en los escombros
donde, quizás, aún queden vivos los ojos de algún poeta.

Pepe López

Tangram I.3: sin título

Francis Ortega Moreno, s/t

Francis Ortega Moreno, s/t

 

Recuerdo de los días de verano
el azul inmenso entre los rayos del sol,
de tus besos el sabor a mar salado,
las caricias prodigadas por los dos.

Recuerdo de las tardes entre tus brazos
que como espejos, tus ojos reflejaban
la pasión que a hurtadillas profesábamos,
a hablarnos sin usar una palabra.

Recuerdo de las noches enredados en la cama…
Son recuerdos y quedarán en el pasado,
y aun cuando en mi pecho tu aroma siga respirando;
sé que te continuaré recordando.

Recuerdos de un verano….

Nekabitt