Tangram IV.7: Sin títulos

Silvia J. s/t. 2008

Silvia J. s/t. 2008

Como cada mañana bajé al bar a trabajar. Lo encontré sentado en su mesa de la terraza, en una de sus interminables charlas que dirigía a cada persona que pasaba. Anhelaba que escucharan lo que, para él, eran sin duda palabras cargadas de sabiduría.

La gente no quería perder tiempo con él: ponían malas caras, aceleraban el paso y no solían volver. También se acercaba a los otros clientes, quienes se sentían molestos e invadidos, lo que no era bueno para el negocio.

Venía tiempo pensando en cómo encontrar una solución para que los que no desearan escuchar, no se vieran obligados a quedarse, ni sintieran incomodidad al dejarlo de lado. Aprovechando uno de los pocos momentos en que hacía una pausa, me acerqué a la mesa donde siempre se sentaba. Preparé, en la silla de enfrente, lo que en un momento de inspiración se me ocurrió podría ser una solución. Transformé unas viejas prendas de vestir en el que sería su mejor “acompañante”.

Al retomar uno de sus incansables discursos, percibió los cambios que había hecho. Me dirigió una mirada (primero confusa, luego agradecida) y prosiguió con su tarea de explicar, ahora a aquel nuevo “compañero”, su particular visión del mundo.

Y así continuó, cada día en la misma mesa, hablándole a una silla vacía que le escuchaba sin que el transcurrir del resto del mundo lo turbase.

Javier Fernández

Tangram IV.6: Gota a gota/Una copa de vino

 

Jack Bernal. Gota a gota. 2013

Jack Bernal. Gota a gota. 2013

Una copa de vino

Mira de reojo al otro lado de la mesa pero allí no hay nadie. Ya no recuerda el día en el que se prometió que no volvería a beber sola.

Lo que sí recordaba era todas las caras que habían pasado frente a esa copa de vino desde la que los escrutaba. Sus ojos cansados de mundo clavados en la mirada mundana que juega a intentar jugar contigo. Y vuelta a empezar. Nadie dijo que fuera fácil encontrar una cita interesante, un hombre, una persona, un alma, cualquier cosa. Se había cansado de tanto perdonavidas.  Sobran Humphrey Bogarts en esta vida que está falta de algunos que entiendan el final de Casablanca.

Un día cambió las tornas, un mareo a sus principios y ella se convirtió en la perdonavidas. Pero solo descubrió que pretender ser Ava Gadner en días de diario es estresante y no compatible con las visitas al Mercadona. Así que aparcó los tacones, volvió a ser ella, que era menos glamouroso  pero más real al final y al cabo.

El sonido chirriante de una silla hace descarrilar su tren mental hacia la mirada profunda que se extiende sobre el mantel. Aquí está ahora, equilibrando como puede sus dosis de realidad con sus pulsiones de actriz trágica en busca de una pizca de realidad que atisbar en los ojos del otro. Otra copa de vino. Una excusa sobre el tráfico, dos besos, un par de bromas para romper el hielo, y ahora, míranos, un perfecto cliché romántico.

 Diana Hinojosa

Tangram IV.5: Te Tienta/Ingenuos

Silvia Cascales Hernández. Te tienta. 2013

Silvia Cascales Hernández. Te tienta. 2013

Ingenuos

Piensas que eres dueño de todo lo que ves

Crees que todo debe caer a tus pies rendido

Deseas ser el ser supremo, un dios.

No sabes que tú eres la posesión de tu entorno

Tú eres quien se rinde ante mi omnipotencia

No eres más que un mero peón en mi juego.

Sigue creyendo, deseando y pensando en el mismo modo

El final lo decido yo, cuando y como quiera

Y tan solo tendrás que resignarte a tu sino.

Nekabitt

Tangram IV.4: Novia en el río/El príncipe salió rana y no fue un cuento

Marta Cruz López. Novia en el río.

Marta C. L. Novia en el río.

 

El príncipe salió rana y no fue un cuento

Priscila era una chica soñadora y obediente. Desde pequeñita tuvo fijación por ir a una charca cercana a su casa. Cuando le preguntaban dónde iba siempre contestaba que iba a buscar a su príncipe. Cuando creció se convirtió en una joven preciosa, a la que no le faltaban pretendientes. Sus padres insistieron en que se quedase con uno de muy buena posición, guapo, educado… un auténtico príncipe que, decían, la iba a tener como a una reina. Se casaron con gran boato, pero pronto a nuestro príncipe se le destiñó el azul. La vida de Priscila oscilaba entre el rojo y el negro, dependiendo de las ganas de batalla que tuviese su esposo. Ella seguía siendo la misma chica obediente, soñar ya no podía, aunque para él nada era suficiente. Un día decidió ponerse su vestido de boda, aquel con el que parecía una verdadera princesita, y volar. Ahora, si quieres verla, sólo puede ser en noches de luna llena, en aquella charca. Si le preguntas, te mirará hasta helarte el alma y te dirá que anda buscando a un verdadero príncipe.

Miguel Ángel Pegarz

Tangram IV.3: Necesidad/Asclepia

Juan Reyes. Necesidad

Juan Reyes. Necesidad

 

Asclepia

De la tierra húmeda, nace la hierba fresca y, entre sus sombras se escucha el suave murmullo de unas voces que conversan. Alargados tallos de flores silvestres se mezclan con tiernas indeseables de amenazantes defensas.

Despiertan sacudidas por la brisa de la mañana que seca el rocío de sus caras, extienden el color de sus pétalos y lucen el brillo de sus brazos. Entre todas, una, la flor de la sangre, el Algodoncillo, que con vara larga busca el Sol recién amanecido y la maldición de sus días impresa en la química de sus venas.

Se escucha apenas un alado sonido que le recuerda la peor de sus pesadillas, la belleza y a su peor pecado, el letargo. Indefensa se muestra a merced de la delicadeza y, tras unos segundos, confirma su mala suerte. Una hermosa mariposa, de regio apodo, posa sobre sus pétalos el secreto de su descendencia. Impotente descubre que sobre su piel verde han dejado unas vidas como sentencia de muerte.

Ya solo queda desnudarse de hojas y ver como se aleja la divina homicida.

Toni GC