Ya tenemos las ilustraciones de Tangram Project VII

La andadura de la ilustración en Tangram Project comenzó este verano con dos aportaciones, muy importantes para nosotros, ya que tanto Francis Ortega como Carolina Pingarrón eran ya veteranas del proyecto en las otras piezas, por lo que nos alegró ver que tenemos participantes que se atreven con todo.

Con Tangram Project VII dimos el pistoletazo de salida oficial con una respuesta mejor de lo esperado y con una calidad sorprendente: cuatro ilustraciones y cuatro formas de afrontar este reto que os planteamos y que son los siguientes.

El Tangram VII.1 fue escogido por Mary Baby y realizó El paso del tiempo.

El Tangram VII.2 fue elegido por Javier Fernández y lo tituló A escondidas.

El Tangram VII.6 lo eligió Paloma Grillo y creó Como un pez entre los pájaros

El Tangram VII.7 fue escogido por Francisco Morales y dibujó su Misteriarca

Dibujo, ilustración tradicional y arte digital se han unido en Tangram Project y nosotros esperamos que la creación continúe en las próximas tandas.

 

El lunes volveréis a tener noticias nuestras ya que comenzaremos con Tangram Project VIII y la pieza de Fotografía.

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Tangram VII.6: Bienvenido/Sin Título/Pez entre pájaros

Jack Bernal, Bienvenido. 2013

Jack Bernal, Bienvenido. 2013

Se arrancaba con las paletas diversos pellejos de los labios, dejando una fina capa de saliva que sólo contribuía a crear un desierto en su boca. Soplaba un viento chillón, porque mientras más alto estés más grita, más te expulsa, el viento no quiere nada en su sitio y él ya había perdido el suyo. La ciudad parpadeaba como su vida, tan sutil como el constante aleteo de aquellos pájaros, libres como la muerte. Extendió la mirada como quien despliega una mano y sintió el sueño de los edificios que nunca duermen, henchidos de miradas y secretos. Sólo un paso para volar de la existencia y sentir que tu piel forma parte de las plumas de la noche.

Leila Amat Ortega

Paloma Grillo, Como un pez entre los pájaros

Paloma Grillo, Como un pez entre los pájaros

Tangram VII.5: Popea/Sin Título

Leila Amat Ortega, Popea.

Leila Amat Ortega, Popea.

Me recreo en tu silueta a cada oportunidad,
que tú inconsciente me brindas
cuando en las claras aguas tu ser insertas,
cuando mis suaves ondas tu piel acarician.
Me haces sentir privilegiado
cuando en mi espejo te miras,
pues siento con cada reflejo tuyo,
que me das algo de vida.
Espero en cada atardecer,
a que pasees por mi orilla
para poder enredar tus pies,
con mis caricias infinitas.

Nekabitt

Tangram VII.4: Saudade/No foto, no problemo

Patxi Granado, Saudade. De la serie Sueños de Papel. Agosto, 2014.

Patxi Granado, Saudade. De la serie Sueños de Papel. Agosto, 2014.

No foto, no problemo 

Huidizo, ropajes sueltos, pinta de moro con los brazos cargados de relojes baratos, carteras de plástico y abalorios. Le vi levantar paladas de arena con sus zapatillas y escamoteando hasta su sombra dirigirse a cuantos se cruzaban en su camino, más pendiente siempre de si alguien le observaba que de aquel a quien asaltaba con su arrastrado y lastimero español.

Con el calor, lo que me apetecía era mantenerme bajo la escuálida sombra del chiringuito y vaciar a sorbos largos la jarra de cerveza, y en eso estaba cuando se vino hacia mí, el brazo izquierdo adelantado como mostrador de bazar chino, la frente con perlas más auténticas que las de los abalorios, que emitían ruido de plástico al entrechocar.

Así mis posesiones no fuera a ser que las intenciones del moro, negro, o lo que fuera aquel tipo que pretendía interrumpir mi solaz veraniego, me obligaran a abandonar la tranquilidad de la playa para poner una denuncia por robo en alguna comisaría cercana. Entonces, deshaciéndose de su temor a amenazas con uniforme por un instante, me miró, me sonrió y me dio los buenos días con su extraña entonación, y me pareció el saludo más sincero que jamás me hubiesen regalado.

Quise inmortalizarlo para subir su imagen al Facebook como trofeo de unas vacaciones anodinas. Pero dijo algo parecido a “no foto, no problemo” y la foto salió movida. Yo sólo quería robarle una foto a un superviviente de las miserias de un humano como yo, pero no pude.

Juan Reyes

Tangram VII.3: sin título/Las Vías

Francis Ortega Moreno, s/t.

Francis Ortega Moreno, s/t.

Las vías

Son las diez de la mañana y nadie, salvo él, baja las escaleras hasta los andenes. Un alma en pena que, de todos modos, no repara en nada de lo que ocurre a su alrededor. Nada importa, sólo tiene una cosa en mente. Algo que queda frente a sus ojos y a lo que mira fijamente largos minutos. Pese a tenerlo tan claro… su cuerpo no se mueve.

Y entonces pasa. Ante sus ojos, a las vías, cae un perro que, tal vez por el golpe, está aturdido y no se mueve. Cree ver a alguien corriendo… o más bien huyendo. Un maldito que sin embargo despierta algo en él que lo impulsa a lanzarse al fin a las vías con la única intención de salvar al animal

Entonces, cuando lo está acomodando en sus brazos, se escucha un pitido…

Elena Pacheco

Tangram VII.2: Sin título/Recuerdos/A escondidas

Carlos Rodríguez, s/t. Oporto, 2013.

Carlos Rodríguez, s/t. Oporto, 2013.

Recuerdos

Comencé a curiosear en la penumbra…

Muebles viejos, juguetes de infancia, trastos y más trastos se acumulaban desordenados a lo largo del sucio y polvoriento desván.

Entonces, reparé en algo…

La luz de una pequeña ventana, iluminaba un bodegón de recuerdos sobre un viejo sillón, olvidado al fondo de la estancia.

El globo terráqueo de mi madre, maestra de escuela, dominaba la estampa.

Me acerqué, lo acaricié suavemente e hice girar la esfera. Con aquel gesto, recordé que mis viajes alrededor del mundo habían comenzado allí.

A su lado, una botella del intocable vino de mi padre, exclusivo para ocasiones especiales que nunca llegaban.

Para completar el cuadro, una joven de pechos exuberantes se exhibía en una de las revistas eróticas del tío Manuel.

Me senté en el suelo, como tantas veces había hecho junto al Pepe, el “Mirinda” y el “Lagartija”. Cogí la revista y me pregunté en qué momento aquella enciclopedia ilustrada de anatomía femenina había volado desde la habitación de mi tío hasta el desván.

Su cuarto era nuestro economato particular, donde robábamos cigarrillos y cogíamos prestadas las revistas.

De repente, oí pasos abajo en el piso…

-¡Shhh! ¡Mi madre viene!- Me oí decir en un susurro.

Imposible. No podía ser ella…

– ¡Cariño! ¡Es hora de irnos!- Era Clara, mi esposa.

Me incorporé, volví a colocar todo como lo había encontrado, eché un último vistazo, saqué mi iPhone e inmortalicé aquella imagen, antes irme.

Mi madre esperaba en el tanatorio. Había llegado el momento de acompañarla en su último viaje.

Mary

Javier Fernández, A escondidas

Javier Fernández, A escondidas